El proyecto del magnífico edificio de la Biblioteca Rivadavia surgió de un concurso nacional, que ganó el arquitecto bahiense Ernesto Guiraud, entre varios colegas de la Capital Federal, en 1927.

Desde el punto de vista arquitectónico cabe decir que el edificio está trazado en las elegantes líneas del estilo Luis XVI, desde su fachada, coronada con un frontis triangular, donde los atributos de Minerva, obra del escultor Vasco Bian, dicen de su elevado destino hasta los delicados y gratos interiores que otorgan una mayor riqueza decorativa a los demás salones. Es notable también la distribución de los locales. Cuenta con un amplio cuerpo central y dos laterales.

El basamento de los mismos es un rústico almohadillo de piedra. El tema principal del mismo está formado por cuatro columnas jónicas y dos pilares para los cierres laterales. En toda la parte alta se destaca la decoración: guirnaldas, palmetas y figuras alegóricas.

La casa muestra también hermosos vitrales, en paredes laterales que dan al vacío y en los cielorrasos del salón principal de lectura, y en el vestíbulo de entrada.

El edificio consta de un subsuelo, en el que está ubicado el fondo bibliográfico que no es de acceso para los lectores. Está dividido en el frente, donde se dio lugar a la sala de exposiciones.

En la planta principal, un hall de entrada lleva al pasillo que permite el acceso al vestíbulo donde se encuentran los mostradores de atención, y desde donde se puede acceder a las diferentes salas de lectura y el sector de consulta de catálogos.

Situado en el primer piso, un lujoso auditorio puede recibir a 400 personas, destinado a convertirse en escenario de muchos actos culturales. Frente al mismo, dos salas con menor capacidad permiten realizar cursos, talleres, charlas, etc.